No queda nada.

De repente te das cuenta de que ya no queda nada.
Todo en lo que creías, aquella persona a la que amabas;
ya no hay nada.
Ni rastro. Se han ido sin dejar pista alguna.
Ya no hay un “buenos días” que te haga sonreír,
ni un “joder Marina” que siempre terminaba con un beso.

Lo echo de menos, echo de menos el mero hecho
de que mis días tengan un significado.
Ahora es despertarme y seguir con una rutina,
a la que no creo llegar a acostumbrarme jamás.
Me gustaba como era antes, me gustaba estar contigo.

Tan solo una mirada perdida,
silencios cubiertos por llantos,
mentiras que parecen verdades
y verdades que parecen mentiras.

Todo está al revés.
Un papel con tinta corrida,
estropeado por las incesables lágrimas.
Noches interminables,
días llenos de amargura,
de soledad.

Ganas de gritar hasta vomitar,
ganas de correr hasta caer rendida,
ganas de amar.
No me voy a ir
a ningún lado,
es lo único que tengo claro.
Esperaré a que vuelvas,
sin llorar en tu ausencia.

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4 comentarios en “No queda nada.

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