Aire.

Calor y oscuridad.
Alcohol y risas.
Miradas que lo dicen todo.
Una simple forma de empezar.
Éramos como niños el día de Navidad.
Nunca teníamos suficiente.
Pero todo termina.
No quisimos buscarle un buen final,
sino que decidimos que fuera apoteósico.
Preferimos destrozarnos,
llorar hasta dormirnos y lamentarnos.
Dejarlo todo en el olvido.
Vivir a base de recuerdos.
Respirar era imposible.
Me faltaba el aire.
Ya no recuerdo lo que era besarte,
tampoco abrazarte.
Hagamos como si no hubiera pasado nada.
Volvamos a sumirnos en esa triste mentira,
en la que al fin y al cabo éramos felices.

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