Nada.

Cada vez le cuesta más distinguir el bien del mal.
Busca bajo cada papel escrito un atisbo de compasión, pero no hay más que dolor.
Las noches son testigo de todas y cada una de sus lágrimas, desesperada se termina la botella esperando al fin encontrar la respuesta.
Quiere ser con quien sueñe todas las noches, en quien piense al despertarse por las mañanas.

Se acuesta borracha otra noche más, todo le da vueltas.
En lo más profundo de su ser sabe que esto no está bien.
Solo piensa en volver, en dejar de colocarse, en aprender a controlarse.

Siente mucho, o tal vez siente poco.
No encuentra su lugar, y lo único que le importa es… nada.
Ya no le importa nada. Lo ha perdido todo. No tiene nadie por quien luchar, un motivo por el que despertarse, o simplemente a alguien que la abrace.

Siente celos de todas esas parejas que se besan en la calle, de los niños que juegan en el parque. Tiene miedo de no poder olvidar aquellas palabras que la hicieron soñar.
Intentó ahogar las penas en alcohol, pero está aprendieron a nadar, y ahora las siente cada día más.

 

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