Por capítulos: “La magia de la Navidad.” (Parte I).

Era Navidad. Estaba paseando por el Retiro, hacía muchísimo frío. Me senté en un banco, enfrente había un árbol, me quedé embelesada viendo como caían sus hojas, viendo a los niños jugar alrededor suyo; dejé que el helado viento penetrara por mis huesos haciéndome sentir viva. 
Probablemente pasaron más de 10 minutos desde que me senté, estaba tan absorta en mis pensamientos que no me fijé en que había alguien más a mi lado. Disimuladamente giré la cabeza para ver quién era.
Era una chica, más o menos de mi edad, no podía verle bien la cara, tapada por su largo pelo oscuro. Llevaba un gorro que me era muy familiar, se me pasó por la cabeza un instante que pudiera ser ella, pero inmediatamente lo descarté; era imposible,-“seguro que estoy equivocada”- pensé.
Así que volví a mi mundo, me perdí mirando las hojas esparcidas por la hierba, cuando de repente, la chica del gorro familiar me tocó el hombro y me preguntó: “¿Perdona, llevas fuego?”.
No podía ser, su voz, esa voz, ya la había escuchado antes. Volvía a tener su rostro en mi mente, miles de recuerdos me vinieron en menos de un segundo, los ojos, se me inundaron de lágrimas. Lentamente giré la cabeza esperando estar equivocada.
No fue así, era ella. Habían pasado tres años desde la última vez que nos vimos, cuatro, desde la última vez que hablamos. Tenía que estar soñando, tenía que ser un sueño. “¿Qué hace ella en Madrid?” pensé. No le respondí, solo pude quedarme mirándola, con las lágrimas brotando poco a poco de mis ojos.
Todo mi mundo se estaba derrumbando en ese mismo momento, todo lo que había conseguido olvidar, todo lo que había conseguido superar, todo estaba ahí de nuevo. Me sentía frágil, como si en cualquier momento me pudiera romper. No podía dejar de mirarla, era ella. No voy a mentir, la había echado de menos, todos y cada uno de los malditos días desde hacía ya cuatro años; ella fue el motivo de que me fuera a estudiar a Madrid, ella y su gran estupidez de dejarme olvidada en el rincón más oscuro. Marcharme fue mi solución para olvidarla y seguir adelante, nunca pensé que la volvería a ver.
Una tímida sonrisa logró salir de mi boca. Todo lo que había logrado estos cuatro años desapareció y me dio igual. Ella estaba ahí, no necesitaba nada más.

Continuará…

Twitter: @marina_sfortes
Instagram: @marina_sfortes

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