Algo murió en mi.

Recuerdo tus besos cada madrugada.
Esa sensación de necesidad, de falta de más.
Recuerdo mirarte a los ojos y pensar: “Joder, cuanto te amo”.
Esos momentos de felicidad a tu lado.

Eras el aire que necesitaban mis pulmones,
el calor en una fría noche.

Recuerdo cogerte de la mano y gritar a más no poder nuestra canción.
Recorrer tu cuerpo bajo las estrellas, cada lunar, cada peca….
Recuerdo querer aprenderme de memoria todas tus manías,
por si llegaba el día en el que ya no estuvieras.

Hacerte llegar al orgasmo mientras gritabas mi nombre,
verte temblar de placer.

Recuerdo el dolor al verte marchar.
Lágrimas amargas, noches en vela.
Recuerdo tus últimas palabras: “Ya no te quiero”.
Esas que me perforaron el alma, hasta dejarme destrozada.

Algo murió en mi, conocí la eterna despedida.

Recuerdo la impotencia de no poder hacer nada.
De sentir que ese era el fin.
Recuerdo pensar que nunca nada había sido real.
Se habían roto las cuerdas de la marioneta, ya no podías jugar más.

 

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