Hacia el espacio y la nada.

No sé cómo empezó, antes de darme cuenta ya era mi realidad. Impregnado en mis suspiros, robándome pedacitos de alma, acompañándome en cada despertar. Quizás era cuando más sola me sentía que lo aceptaba como mi compañía, mi escape de la realidad. Se fue convirtiendo en algo continuo, monótono.
Veía mis manos como si no fueran mías, pero eran exactamente igual que la de los demás. Nuestra esencia desaparece dentro de la masa, nos consume el mundo. Recuerdo la falta de certeza, los cambios bruscos entre lágrimas y risas; queriendo morir y ser amada. La vida era como una obra de teatro llena de drama, una comedia interminable; lo que me llevó a querer huir, escapar, desaparecer…
La salida del túnel es como un conjunto de escalones empinados que parecen subir hasta las nubes, hacia el espacio y la nada. Cada paso conlleva inhalar y aguantar más que ayer. Cada día se hace más cuesta arriba, más largo, más doloroso. Y es por eso que hoy, otra noche más, termino agarrada a la almohada bañada en lágrimas.

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